domingo, 13 de enero de 2008

ANOTHER BRICK IN THE WALL (PARTE II)


We don't need no education
We don't need no thought control

No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids alone
Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it's just another brick in the wall.
All in all you're just another brick in the wall.

We don't need no education
We don't need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids alone
Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it's just another brick in the wall.
All in all you're just another brick in the wall.

Pink Floyd
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Versión en español:

OTRO LADRILLO EN EL MURO

No necesitamos ninguna educación
No necesitamos que controlen nuestros pensamientos
Ni sarcasmo oscuro en el salón de clases
Profesores dejen a los niños en paz
¡Hey! ¡Profesores! ¡Dejen a los niños en paz!
En conjunto es sólo otro ladrillo en el muro.
En conjunto sólo eres otro ladrillo en el muro.

No necesitamos ninguna educación
No necesitamos que controlen nuestros pensamientos
Ni sarcasmo oscuro en el salón de clases
Profesores dejen a los niños en paz
¡Hey! ¡Profesores! ¡Dejen a los niños en paz!
En conjunto es sólo otro ladrillo en el muro.
En conjunto sólo eres otro ladrillo en el muro.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Sobre la infancia

"La relación entre los grandes y los chicos no es una campiña serena sino más bien una región difícil y escarpada, de a ratos oscura, donde soplan vientos y tensiones; un nudo complejo y central a nuestra cultura toda, que sería tonto pretender despejar en pocas palabras. [...] Hoy apenas estamos aprendiendo a cuestionar algunas de las muchas hipocresías con que ocultamos nuestra relación con la infancia. Al menos hoy, lo infantil es problemático".

Graciela Montes. El corral de la infancia. FCE. México. 2001.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Reunión de Academia

Escucho lo que dicen. Me parece que cada palabra no sirve de mucho. Me oculto, me aparto como la araña de Coetzee (Infancia). Es difícil integrarse con los demás, hay cosas que se vuelven imposibles en un contexto de “intersubjetividades” simuladas. Soy un farsante, me he colocado un rostro amable, siendo íntimamente un ser mezquino. Pero esto, incluso, es un mero cliché.


S/F

Dos fragmentos


“La infancia, dice la Enciclopedia de los niños, es un tiempo de dicha inocente, que debe pasarse en los prados entre ranúnculos dorados y conejitos, o bien junto a una chimenea, absorto en la lectura de un cuento. Esta visión de la infancia le es completamente ajena. nada de lo que experimenta en Worcester, ya sea en casa o en el colegio, lo lleva a pensar que la infancia sea otra cosa que un tiempo en el que se aprietan los dientes y se aguanta.”

J.M. Coetzee, Infancia, p. 19. Traducción: Juan Bonilla. Mondadori.
……
“Al parecer, siempre se equivoca en algo, quiera lo que quiera, le guste lo que le guste, tarde o temprano tiene que convertirlo en un secreto. Empieza a verse a sí mismo como una de esas arañas que viven en un agujero con trampilla cavando tierra. La araña siempre tiene que estar regresando a toda prisa a su agujero, cerrando la trampilla, excluyéndose del mundo, escondiéndose.”

J.M. Coetzee, Infancia, p. 33. Traducción: Juan Bonilla. Mondadori.

sábado, 20 de octubre de 2007

Nietzsche sobre la "cultura rápida", no muy lejos de la OCDE

«Creo haber notado de dónde procede con mayor claridad la exhortación a extender y a difundir lo más posible la cultura. Esa extensión va contenida en los dogmas preferidos de la economía política de esta época nuestra. Conocimiento y cultura en la mayor cantidad posible -producción y necesidades en la mayor cantidad posible-, felicidad en la mayor cantidad posible: ésa es la fórmula poco más o menos. En este caso vemos que el objetivo último de la cultura es la utilidad, o, más concretamente, la ganancia, un beneficio en dinero que sea el mayor posible. Tomando como base esta tendencia, habría que definir la cultura como la habilidad con que se mantiene uno “a la altura de nuestro tiempo”, con que se conocen todos los caminos que permitan enriquecerse del modo más fácil, con que se dominan todos los medios útiles al comercio entre hombres y entre pueblos. Por eso, el auténtico problema de la cultura consistiría en educar a cuantos más hombres “corrientes” posibles, en el sentido en que se llama “corriente” a una moneda. Cuantos más numerosos sean dichos hombres corrientes, tanto más feliz será un pueblo. Y el fin de las escuelas modernas deberá ser precisamente ése: hacer progresar a cada individuo en la medida en que su naturaleza le permite llegar a ser “corriente”, desarrollar a todos los individuos de tal modo, que a partir de su cantidad de conocimiento y de saber obtengan la mayor cantidad posible de felicidad y de ganancia. Todo el mundo deberá estar en condiciones de valorarse con precisión a sí mismo, deberá saber cuánto puede pretender de la vida. La “alianza” entre inteligencia y posesión, apoyada en esas ideas, se presenta incluso como una exigencia moral. Según esta perspectiva, está mal vista una cultura que produzca solitarios, que coloque sus fines más allá del dinero y de la ganancia, que consuma mucho tiempo. A las tendencias culturales de esa naturaleza se las suele descartar y clasificar como "egoísmo selecto", “epicureismo inmoral de la cultura”. A partir de la moral aquí triunfante, se necesita indudablemente algo opuesto, es decir, una cultura rápida, que capacite a los individuos deprisa para ganar dinero, y, aun así, suficientemente fundamentada para que puedan llegar a ser individuos que ganen muchísimo dinero. Se concede cultura al hombre sólo en la medida en que interesa la ganancia; sin embargo, por otro lado se le exige que llegue a esa medida. En resumen, la humanidad tiene necesariamente un derecho a la felicidad terrenal: para eso es necesaria la cultura, ¡pero sólo para eso!» «En este punto quiero añadir algo», dijo el filósofo. «A partir de esa perspectiva -caracterizada de una forma que no carece de claridad- surge el grande, incluso enorme, peligro de que en un momento determinado la gran masa salte el escalón intermedio y se arroje directamente sobre esa felicidad terrenal. Eso es lo que hoy se llama "problema social". Efectivamente, podría parecer a esa masa, a partir de lo que hemos dicho, que la cultura concedida a la mayor parte de los hombres sólo es un medio para la felicidad terrenal de unos pocos: la “cultura cuanto más universal posible” debilita la cultura hasta tal punto, que se llega a no poder conceder ningún privilegio ni garantizar ningún respeto. La cultura común a todos es precisamente la barbarie. Pero no quiero interrumpir tu exposición.»
Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Traducción de Carlos Manzano. Tusquets. Barcelona. 2000. pp. 51-54.

miércoles, 17 de octubre de 2007

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Nada. Un par de semanas en blanco. Sopor.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Xpak’int’e

La relación con los niños es magnífica. Además, poco a poco enriquezco mi léxico del tsotsil. Lo más llamativo del día fue la leyenda que me trajo una alumna de primer grado. A mí me pareció interesante.
La transcribo:

XPAK’INT’E

Petrona Pérez Ruiz
(Alumna de Primero “B”)

Mi mamá me dijo “hija vamos a ver el cafetal”.
“De dónde mamá, allá en Sik’il uk’um [río frío], bueno vamos…”
El cielo estaba muy nublado, llovía un poco, llegamos al cafetal. Ahí hay un árbol de naranja. Mi hermano con mi primo subieron a cortar naranja.
“Mi morral ya está lleno… mamá ya vámonos a la casa”, le dije a mi mamá.
“¿Por qué?”
“Es que ya tengo frío”.
“Ahorita nos vamos a ir, aguántate un poco más, si comes muchas naranjas se te va a pasar el frío”.
Mi hermano comenzó a reír porque mi primo estaba chiflando mucho, cuando estaba riendo, de repente apareció un ruido, una voz de mujer que lloraba en las montañas, se acercaba, se acercaba. Mi mamá fue primero quien la vio. Temblaba mucho de miedo y ya no hablaba mi mamá.
“¿Qué te pasa?”, dijo mi hermano que bajó rápido del árbol.
La mujer lucía bien su traje. Tiene faja, listón, nagua. Era muy linda. Mi primo se acercó y habló con ella. Traía un bebé cargando.
“¿Quién eres, por qué caminas sola, no tienes miedo que está nublado el cielo, no sabes que aquí hay fantasmas?”, le preguntó mi primo. Ella no respondió nada.
Mi hermano le gritó fuerte a mi primo Edgar: “¿qué no lo sabes que esa mujer es una fantasma? Tal vez, es la mujer de la noche que se llama Xpak’int’e, sólo síguela”.
Mi primo dijo “ya no quiero seguirla, ya tengo miedo”.
“Voy contigo, sólo ve a dónde va”.
De repente ya no estaba cerca, estaba muy lejos. Había un árbol que era muy grande. El árbol y la mujer ahí desaparecieron.
…
Xpak’int’e: esta palabra se refiere a una especie de "llorona".
18 de septiembre de 2007